6.12.11

Winston Smith, mi amor adolescente por ti sigue vivo.

John Hurt interpretando a Winston Smith.
Lo que hay entre 1984 y yo es una historia de amor que comenzó hace 4 años y todavía dura. La primera vez que me lo leí tenía 15 años y lo hice porque debía examinarme de él al final del trimestre. Lo escogí entre otros muchos candidatos que nos habían sido sugeridos por algo tan simple como que hablaba de una tal “Gran Hermano”. No es que sea seguidora de ese tipo de programas, es más, prefiero no ver nada antes que eso, pero me llamó la atención que se mencionara aquello, me chocó bastante. Dado que por aquel entonces llevaba bastante mal lo referente a organizar el tiempo para realizar las tareas del instituto, terminé leyéndome del tirón más de la mitad del libro el día antes del examen. Pero aún así me encantó y supe que aquella lectura me acompañaría para siempre. Me hizo reflexionar sobremanera sobre el importante papel que juega la información y la Historia en nuestras vidas y lo fáciles que son de manipular sin que nos demos ni cuenta. Cómo obviamos a veces el conocimiento cuando es un pilar fundamental en nuestra formación como personas. De hecho, desde entonces, siempre he dicho que 1984 era mi libro favorito.

En consecuencia a esto último, se me ocurrió leerlo de nuevo cuatro años después, para comprobar si todavía seguía gustándome tanto como antes o si me había dejado llevar por la emoción del momento y el haber descubierto una literatura más inteligente y de carácter más político. Eso sí, si algo tenía claro es que en esta ocasión iba a tomármelo con calma, iba a saborear cada uno de los capítulos de esta historia. Me alegro mucho de haberlo hecho porque he descubierto detalles que pasé por alto en la primera lectura, he comprendido mucho mejor a los personajes, pero sobre todo, no he podido evitar sentir cierto nudo en el estómago de pensar que esa realidad que Orwell nos plantea en la que todo está dominado por el Partido y donde las personas cada vez son más ignorantes y, por lo tanto, más maleables, no dista tanto del mundo en el que vivimos. Quizá en 1984 todo esté un poco más exagerado pero, a grandes rasgos, las similitudes son abrumadoras. El conformismo de cada uno de los ciudadanos de Oceanía (que es el continente en el que transcurre la acción), que asumía que si el Partido decía que algo era así, entonces debía ser verdad. El poco interés de Julia por todo aquello que no le afectara a ella, dándole igual cualquier manipulación que se hubiera podido hacer, siempre y cuando no tuviese nada que ver con su persona. El mantenimiento de una guerra constante para evitar que el pueblo se diera cuenta de que el verdadero enemigo no se encontraba en los países extranjeros sino en su propio Gobierno. La batalla interior de Winston por hacer lo correcto o hacer lo que se espera de él, el cuestionarse constantemente si en realidad está loco por no comulgar con el pensamiento del Partido, su necesidad de demostrar que todo es una mentira, que debemos abrir los ojos y no dejar que nos engañen así como así, que, unidos, el poder ya no recae sobre unos pocos, sino que vuelve a donde siempre debería haber estado, a las manos del pueblo. El muro con el que siempre se choca el pobre de Winston: la fe ciega en el Gran Hermano de los otros “camaradas” y la falta de consciencia de los “proles” sobre lo que en verdad está sucediendo.

Y es que Winston Smith es un personaje redondo, un personaje que representa una serie de ideales que no todo el mundo tiene y que, además, está dispuesto a defender hasta el final. Desde el momento en que acepta que algo no marcha bien con el sistema político y social en el que vive, comienza a crecer y a desarrollar su propia forma de pensar, cada vez más crítico y más sediento por saber la verdad de lo ocurrido, no sólo en el presente, sino también en el pasado. No le importa poner en riesgo su vida si consigue hacer ver a otra persona que todo eso es una mentira, que en realidad, son simples marionetas cuyos hilos son movidos por unos pocos señores que viven en la abundancia mientras los demás se ven obligados a malvivir. Pero con Winston, Orwell no creó ni mucho menos a un héroe que no le teme a nada. De hecho, en los últimos capítulos se aprecia perfectamente que, finalmente, es un ser humano, con sus temores y sus flaquezas, que no tiene una voluntad de hierro como puede parecer en un principio y eso es lo que más me gusta del personaje, que es una persona real.

Por si la historia no fuera suficiente, el estilo literario de George Orwell es impecable, sin dejar de ser elegante a la hora de escribir, narra los hecho sin adornarlos excesivamente, dejando claro que lo que le interesa es transmitir una historia, una serie de ideas, y que la forma en la que estén escritas es algo secundario, si bien, de extrema importancia para atrapar la atención del lector.

1984 es una novela extraordinariamente inteligente que, una vez acabada, no queda olvidada en una estantería hasta el fin de los días, sino que te acompaña siempre, para bien o para mal. Termina formando parte de ti. Una lectura obligada, vaya.


Por cierto, qué casualidad, en la entrada número 100 hablo de mi libro favorito. Me gusta.

28.11.11

Reims.


Cuando una canción es perfecta lo mejor que podemos hacer es admitirlo y ya está.

30.10.11

Hombre que mira a través de la niebla.

Me cuesta como nunca
nombrar los árboles y las ventanas
y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
pero si se expresara
sus tañidos
serían de un fantasma melancólico

la esquina pierde su ángulo filoso
nadie diría que la crueldad existe

la sangre mártir es apenas
una pálida mancha de rencor
cómo cambian las cosas
en la niebla

los voraces no son
más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven

pero yo sé quién es quién
detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
sé dónde no estás tú

la niebla no es olvido
sino postergación anticipada

ojalá que la espera
no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla
no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
emerjas de ella
como lindo recuerdo
que se convierte en rostro

y yo sepa por fin
que dejas para siempre
la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
mi bienvenida que no tiene pausas.


- Mario Benedetti.

29.10.11

Cosas que hacer antes de morir: ver a Kaiser Chiefs en directo.

Seguro que no soy la única que ha visto un concierto de algún grupo en la televisión y ha pensado "a estos tengo que verlos en directo antes de morir". Ése fue mi caso cuando tenía unos 13 ó 14 años (quizá 15... no me acuerdo de la edad exacta). Recuerdo que estaba haciendo zapping y en Mtv daban un concierto entero de Kaiser Chiefs en el Olympia de París. Recuerdo (sobre todo) ver a Ricky Wilson escalar los altavoces y subirse a los palcos donde se encontraba parte del público, así, por la cara y sin preocuparse por si se caía al foso o no. Eso sí que era una persona entregada al público y a la música, una música vibrante y magnética que hace que desde la primera nota que suena te traslades a otra dimensión donde lo único que importa es sentir cómo la melodía cala en tus huesos y te obliga a moverte sin parar, como si te fuese la vida en ello.

Quedé maravillada por aquel fenómeno y despertó en mí una necesidad voraz de ir a conciertos, sólo por experimentar lo mismo que todas aquellas personas que veía a través de la pantalla del televisor. Quería sentir esa electricidad, esa adrenalina. Me atrevería a decir que fue en parte por este grupo (del cual no es que sea una fan incondicional, de hecho, me quedé en Yours Truly, Angry Mob porque los dos últimos no me han llamado mucho la atención) por lo que la música pasó a ser una parte tan importante de mi vida. El razonamiento es bien sencillo, cuanta más música escuche y conozca, a más conciertos podré ir. Todo por y para los directos, para qué engañarnos. Aunque con el paso del tiempo, la cosa ha evolucionado y ahora sigo tan enamorada de este arte por la de sensaciones que te puede transmitir y la de emociones que experimento con tan sólo unas pocas (o muchas) notas magistralmente colocadas.

Pero, a lo que iba, Kaiser Chiefs es un grupo de cierta importancia para mí. Y siempre he tenido claro que en cuanto pudiera, iría a verlos tocar en directo. Ayer, viernes 28 de octubre llegó el momento que había esperado durante años. Concierto de Nipplef! + Supersubmarina + Second + KAISER CHIEFS. A pesar de sólo haber escuchado a Supersubmarina y a Kaiser Chiefs, me lo pasé excepcionalmente bien con los otros dos grupos (especialmente con Second). No podía dejar de moverme y de cantar... de hecho, hoy no consigo hablar del todo normal. Pero lo que de verdad fue apoteósico fue la actuación de los ingleses. Tenía miedo de que se dedicaran a tocar sólo canciones de The Future is Medieval, su último disco y del cual no he podido escucha más de cuatro canciones porque no me gusta. Pero no. Tocaron canciones que ya son himnos suyos: Everyday I Love You Less and Less, Oh My God, Ruby, Angry Mob (IM-PRE-SIO-NAN-TE), Never Miss a Bit, I Predict a Riot... y consiguieron mezclarlas con algunas de las nuevas sin que el ambiente decayera.

Llegado el momento, el gran Ricky Wilson hizo aquello que tanto me impresionó cuando lo vi por la tele: se encaramó a los andamios del escenario y desde ahí se dedicó a cantar, como si fuese lo más normal del mundo (supongo que para él sí que lo será). No lloré de la emoción de milagro. Mis expectativas se habían cumplido y con creces.

En definitiva, y porque sé que no voy a ser capaz de transmitir lo espectacular que fue anoche, un concierto de 12 sobre 10. Energía a raudales, una conexión con el público que rara vez se ve, unas ganas de divertirse impresionantes y de hacer pasarlo bien. Mi yo de 13, 14 ó 15 años estaba que no cabía en sí de la emoción de ver a este señor grupo en vivo, de formar parte de su música durante hora y media. Uno de mis propósitos de antes de morir se ha cumplido.

27.10.11

Libros de octubre.

¿Pero esto qué es? ¡Hace un mes que no hablo sobre ningún libro aquí! ¿Cómo es eso posible? Si este blog parecía más un blog de reseñas que un blog personal (o lo que sea esto, porque ni yo misma sé definirlo...). Pues nada, habrá que ponerle remedio a esta negligencia mía. Éstos son los libros que leí en octubre (y ya sé que el mes no se ha acabado, pero para lo que queda, dudo mucho que vaya a terminarme otro... más que nada porque apenas tengo tiempo para otra cosa que no sea estudiar).

1) My Sister's Keeper, de Jodi Picoult. (La foto es la del cartel de la película).
My Sister's Keeper (La decisión más difícil en su traducción al castellano) es uno de esos libros de los que hacen película y que te lees sólo para poder ir al cine y criticarla. En mi caso, me lo dejó una amiga, diciendo que iba a llorar mucho con él y que era más triste que la adaptación que acababan de hacer (sí, a mis amigos les gusta verme llorar).

He tardado meses en coger el libro y empezar a leerlo y, de hecho, en los primeros capítulos no es que me enganchara mucho pero después cambió la cosa.

La acción comienza a desarrollarse, y conforme vamos conociendo más sobre Anna y su familia, más quería saber qué iba a pasar al final, si ella iba a conseguir ejercitar por sí misma los derechos de su propio cuerpo o si iban a seguir siendo sus padres lo encargado de ello.

He de decir que el personaje de Sara, la madre, ha sido uno de los personajes que más me han desesperado jamás. La obsesión que tiene hacia su hija enferma, esa manera de hacer sentir a sus otros dos hijos insignificantes, simplemente porque no padecían una grave enfermedad, me ha irritado sobremanera. Muchas veces me veía obligada a cerrar el libro porque no podía soportarla más. No sé si es que no soy madre y me es imposible comprenderlo o que soy una insensible, pero la forma de actuar de Sara me pareció de lo más desconsiderada con respecto al resto de su familia.

Sin embargo, no le he dado la puntuación en vano. El libro me ha gustado y, lo que es más importante, me ha hecho reflexionar acerca de la manipulación genética y el uso que la gente puede hacer de ella. Me ha ayudado, en cierto modo, a formarme una opinión al respecto (o más bien a afianzarme la que ya tenía) y por eso creo que se merece que diga que es un muy buen libro que definitivamente merece la pena leer.

2)La voz dormida, de Dulce Chacón.

Éste es el claro ejemplo de un libro que, por la forma en la que está escrito, no me llega a gustar demasiado. Lo siento, pero el que la autora cambie constantemente de tiempo verbal y su forma de narrar los hechos sea repetir en el mismo párrafo veinte mil veces la misma expresión ha podido conmigo. Trataba de meterme en la historia, en lo que contaba, pero no había manera... no podía evitar pensar que no me terminaba de convencer cómo estaba escrito.

Sin embargo, cómo ignorar la historia. En el fondo sé que es algo bastante sobrecogedor, que lo que en esta novela se cuenta son historias reales de personas reales que padecieron enormes injusticias durante la Guerra Civil (y después de ella). Supongo que esa es la razón de que me emocionara en ciertos puntos del libro. Pero ya está.

Me ha decepcionado un poco, para qué engañarnos.


3) Maus, de Art Spiegelman.

Una obra maestra. Un testimonio sobre la Segunda Guerra Mundial que no deja indiferente.

Me alegro una barbaridad de habérmelo sacado de la biblioteca. Hacía tiempo que quería leérmelo, por eso de empezar con la lectura de novelas gráficas, que para mí siempre han sido las grandes olvidadas, y me ha cautivado. Recuerdo que se me pusieron los pelos de punta más de una vez con los relatos sobre los campos de concentración nazi y las penurias que los judíos tuvieron que pasar durante el Holocausto.

Pensaba que el hecho de que las personas estuvieran representadas como animales antropomorfos le restaría seriedad a la historia, que me distraería, pero ni mucho menos. Y es que no deja de ser una bonita metáfora de lo que en el fondo somos todos: unos animales con el cerebro un poco más desarrollado que el resto de las especies de nuestro Reino. Ya lo hizo George Orwell en Rebelión en la granja y, aunque no lo he leído (lo tengo pendiente desde que el mundo es mundo), le fue de gran utilidad para representar la realidad de su tiempo.

Como ya he dicho, Maus es una obra maestra.