
Una pequeña joya es lo que he terminado encontrando en Las brujas de Salem. Es la primera vez que leo a Arthur Miller, de hecho creo que hasta ahora jamás había sabido de su existencia (o al menos, no había sido más que un nombre de alguien famoso para mí) y la verdad es que no me ha decepcionado.
Escogí este libro después de un paseo por la biblioteca porque se trataba de una obra de teatro (género que tengo completamente olvidado y en el que me gustaría ahondar un poco más), además de que el tema de las brujas me vuelve loca... y más si está basado en hechos históricos. Y es que lo que Arthur Miller narra en esta obra no es algo nacido de su propia imaginación, sino los episodios sufridos en la población de Salem en el siglo XVII, a causa de los cuales gran número de personas fueron enviadas a la horca, acusadas de practicar la brujería.
Ahora bien, quizá la historia tenga partes pesadas, sobre todo al principio, donde daba la impresión de que no iba a pasar de los diálogos con el párroco y los hombres importantes del pueblo... pero el final, ¡oh el final! no tuve más remedio que leerme los dos últimos actos del tirón, sin parar, porque me era humanamente imposible hacer otra cosa sin saber qué ocurriría con cada uno de los injustamente acusados.
Si a eso le añadimos que Arthur Miller no escribió el libro por casualidad, sino que fue inspirado por la realidad que le tocó vivir, cuando el macarthismo estaba en pleno auge en EEUU, no es de extrañar que me haya gustado tantísimo.
Escogí este libro después de un paseo por la biblioteca porque se trataba de una obra de teatro (género que tengo completamente olvidado y en el que me gustaría ahondar un poco más), además de que el tema de las brujas me vuelve loca... y más si está basado en hechos históricos. Y es que lo que Arthur Miller narra en esta obra no es algo nacido de su propia imaginación, sino los episodios sufridos en la población de Salem en el siglo XVII, a causa de los cuales gran número de personas fueron enviadas a la horca, acusadas de practicar la brujería.
Ahora bien, quizá la historia tenga partes pesadas, sobre todo al principio, donde daba la impresión de que no iba a pasar de los diálogos con el párroco y los hombres importantes del pueblo... pero el final, ¡oh el final! no tuve más remedio que leerme los dos últimos actos del tirón, sin parar, porque me era humanamente imposible hacer otra cosa sin saber qué ocurriría con cada uno de los injustamente acusados.
Si a eso le añadimos que Arthur Miller no escribió el libro por casualidad, sino que fue inspirado por la realidad que le tocó vivir, cuando el macarthismo estaba en pleno auge en EEUU, no es de extrañar que me haya gustado tantísimo.
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