17.10.11

Mi Kit-Kat mental (la tele basura y yo).

Hay algo que no me da (demasiada) vergüenza confesar: me encanta la tele basura. Es algo que no puedo evitar. Al principio luchaba contra ello, pensar que alguien pudiera descubrir mi pequeño secreto me daba escalofríos. "¿Qué dirán si saben que veo este tipo de programas?". Con el paso del tiempo (he de decir que tampoco ha pasado demasiado, no soy precisamente una persona mayor, ni siquiera adulta), he ido asumiendo que es lo que hay, que si no puedes vencer a tu enemigo, lo mejor es unirte a él. Así que ahora ya me da igual admitir que disfruto como una enana con los realities de Mtv (Jersey Shore incluido), o que más de una vez he dejado Sálvame puesto por más de cinco minutos, o que cuando llego a casa después de haber salido a dar una vuelta con mis amigos, me siento a ver La Noria un rato, mientras hablan de Belén Esteban o cualquier famosillo de turno. No quiere decir esto que esté puesta en el mundo de la farándula, ni mucho menos, pero lo encuentro entretenido e impide que piense demasiado. Es un buen método de aislamiento mental.

Supongo que no soy la primera (ni seré la última) en decir que mi cabeza está en plena ebullición a todas horas, incluso cuando duermo (o si no, ¿cómo es posible que mis sueños sean verdaderas producciones cinematográficas?). Eso está bien, me gusta tener tanta imaginación y ser tan activa mentalmente hablando. Pero a veces agota, y necesito cierto descanso, un par de horas de no pensar en nada. Aquí es cuando aparece en mi vida la caja tonta. Como su nombre indica, es un aparato del día a día que atonta. Soy consciente de ello, y por eso es por lo que la uso, porque me agota estar en contacto con cosas de carácter trascendental y de gran profundidad conceptual las 24 horas del día, una a veces necesita bajar sus niveles de exigencia cultural (incluso colocarlos a -11) y darse un pequeño respiro.

Podría decir que la tele basura es mi Kit-Kat mental.

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