No soy una persona excesivamente maniática, a decir verdad, pero no puedo evitar tenerle cierta tirria al mes de octubre. No estoy hablando de que haya un mes que prefiera por encima de todos los demás (ni siquiera marzo, que es cuando cumplo años... de hecho, ése también me cae un poco mal). Es sólo que no me gusto cuando es octubre.
Los 31 días que lo forman me absorben hasta la última gota de optimismo poco a poco y de manera dolorosa, regodeándose en mi miseria y echando sal en las heridas, esas heridas que todos llevamos pero nunca mostramos y que sabemos que jamás cicatrizarán del todo. Me agota emocionalmente este mes. Y no es que pase nada en concreto, simplemente hay algo en el aire que hace que me sienta pequeñita, extremadamente diminuta y sin fuerzas para moverme, deseando esconderme en una cueva y salir de ella cuando llegue el día de Todos los Santos. Me despierto y no quiero levantarme, son mis manos las que, por su propia cuenta y sin que yo les diga nada, me retiran las sábanas. Son mis piernas las que deciden que es hora de ir a la ducha y empezar un nuevo día. Y es bajo esa infinita sucesión de gotas cuando pienso "Bueno, a lo mejor hoy es un buen día". Pero salgo a la calle y lo recuerdo, estamos en octubre. Y eso me quita la sonrisa de la cara.
Muchas gracias por tu visita, por tu tiempo y por tu comentario. Gestos como este hacen que Octubre sea un poquito menos malo, sabes por qué?? porque suscribo absolutamente tooooooodo lo escrito en este post... vayase señor Octubre!
ResponderSuprimirmua guapa!